No pudo ser. Fue nadar para morir en la orilla. España perdió el oro olímpico en fútbol porque los brasileños anduvieron más vivos en acciones puntuales, estas que suelen separar a los campeones del resto. Aunque amarga, la medalla de plata es meritoria y hasta exitosa para el futbol español (de las cuatro últimas citas olímpicas, España solo estuvo en la de 2012, y se fue del torneo sin ver puerta). El partido tuvo de todo, como no puede ser de otra manera cuando juega España, y para variar, acabó en la prórroga. Por partes. Un penalti polémico a favor de Brasil, que hubo de ser revisado y validado por el VAR. El brasileño Richarlison la mandó a las nubes, quizá descentrado por el bailecillo de Unai Simón. Poco después, Brasil se adelantó en el marcador en una jugada mal defendida por la zaga española. Mateus Cunha hizo el gol en el llamado minuto psicológico al borde del descanso. Llegó la segunda parte, y a España no le quedaba más remedio que atacar. A pase de Carlos Soler, Mikel Oyarzabal le pegó al balón con toda su alma y metió un golazo que devolvía la esperanza al equipo español, que pasó a tener un cierto dominio de la situación y ver cerca la victoria, pero una vez más la falta de acierto penalizó a los nuestros. Cuando el partido parecía abocado a la tanda de penaltis, Malcom metió el gol de la victoria para Brasil en un error clamoroso del zaguero español Vallejo, quizá fruto del cansancio. Como contra Japón, pero al reves.

Eso es todo. Resultados muy parecidos entre la selección olímpica y la absoluta. Misma forma de jugar, mismas virtudes, mismos errores…mismas perspectivas, aunque podríamos considerar a la olímpica como un banco de pruebas para la absoluta, si bien es cierto que algún jugador ha hecho doblete entre Eurocopa y JJOO. El futuro inmediato de la Selección pasa por cerrar la clasificación para el Mundial de Qatar, que empezó torcida después de un inesperado tropiezo ante Grecia, y disputar la final-four de la Liga de Naciones con la posibilidad de tomarse la revancha ante Italia. Puede venir bien, porque lo cierto es que los partidos de la fase de clasificación son menos atractivos para el espectador, y seguramente también más tediosos para los jugadores, de ahí las sorpresas que saltan continuamente. Pese a eso, España debería estar en Qatar sin demasiadas complicaciones. Veremos que pasa.

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