España alcanzó la final masculina en fútbol en estos JJOO al batir a la anfitriona y se asegura una medalla más, aunque no sabemos todavía de que color. La inclusión del fútbol en los JJOO siempre ha generado mucha controversia. Muchos son los que opinan que el fútbol copa demasiado espacio en todos los ordenes de la vida como para tenerlo también en las Olimpiadas dando la lata. Para redondear la faena, resulta que los combinados que compiten en los Juegos son semi-juveniles (la sub-21 de toda la vida pero reconvertida en sub-23). El resultado de todo esto es que cualquier parecido del fútbol olímpico con el fútbol «absoluto´´ es pura coincidencia. Basta echar un vistazo al palmarés. Se han producido curiosidades históricas como el hecho de que España fuera campeona olímpica de fútbol en 1992 y sin embargo no se clasificó para la Eurocopa de aquel año, y en ambos casos el seleccionador era el mismo. En 2008 ocurrió lo contrario. España ganó la Eurocopa (no hace falta decir que se celebró mucho más) y no acudió a la cita olímpica (no vamos a hablar de como fue la fase preolímpica porque si no este artículo tendría que ser kilométrico). Además de la citada medalla de oro en Barcelona 92, se ganó una plata (o se perdió el oro) en Sidney 2000 y en Amberes 1920 (lo dicen las crónicas así que debe ser verdad). Hasta 1930, año en que a algún visionario se le ocurrió la feliz idea de organizar un Mundial, las selecciones absolutas acudían a los JJOO.

Por hablar un poco del partido, que es lo que toca, España ofreció la misma imagen irregular que en todo el torneo, con el dominio estéril al que tan acostumbrados nos tienen, siempre con la sensación inminente de que en una contra nos van a hacer un roto. Como no podía faltar la polémica, en el minuto 56 hubo un posible penalti sobre Merino que el árbitro pitó y que luego rectificó a instancias del VAR. Penalti que seguramente no era, pero la interrupción del juego en todo caso perjudica al equipo que está atacando. También chocó el gesto de complicidad entre el árbitro y el jugador japonés, siempre sujeto a interpretaciones, pero la cosa tampoco pasó a mayores. Para cumplir con la tradición veraniega, el partido se fue a la prórroga. Asensio apareció en los minutos finales para marcar el gol de la victoria, y celebrarlo a lo grande, con rabia producto de la tensión acumulada, sacándose la camiseta. En los compases finales, el portero japonés subió a rematar un corner, pero ya no hubo tiempo para más. España está en la final, y espera nada menos que Brasil. La final soñada, un éxito para el deporte español pase lo que pase, pero como comentábamos antes, el fútbol en los JJOO parece a veces metido con calzador. Los jugadores seguramente tendrán más ilusión que nadie por conseguir la victoria y colgarse la preciada medalla de oro, pero, o bien los JJOO quedan en segundo plano, o la sub-21 no vende; seguramente el covid también influye lo suyo, pero no me imagino a la gente echándose a la calle para celebrar un hipotético triunfo en la final. No sé como se celebraría el oro en 1992, porque a mis dos años, mis preocupaciones eran otras.

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