Hallados posibles indicios de vida en la atmósfera de Venus

Un equipo internacional ha detectado fosfina en el planeta, un gas producido por microbios que prosperan en ambientes libres de oxígeno

Un equipo internacional de científicos ha detectado en las nubes de Venus trazas de una molécula poco común, la fosfina, indicativa de la potencial presencia de vida en el planeta. Y es que en la Tierra, este gas es producido por microbios que habitan en entornos libres de oxígeno.

Los astrónomos han especulado durante décadas con la posible existencia de estos microorganismos en las nubes altas de Venus, los cuales flotarían libres de la superficie abrasadora pero que necesitarían de una muy alta tolerancia a la acidez. La nueva investigación, publicada hoy en la revista Nature Astronomy , podría apuntar a tal vida “aérea” extraterrestre.

“Cuando obtuvimos los primeros indicios de fosfina en el espectro de Venus, ¡fue un shock!”, afirma en un comunicado del Observatorio Europeo Austral (ESO, por sus siglas en inglés) la responsable del equipo, Jane Greaves, de la Universidad de Cardiff (Reino Unido). Estas primeras observaciones fueron llevadas a cabo en el año 2017 mediante el Telescopio James Clerk Maxwell, situado en Hawai.

El grupo buscó confirmar los datos mediante tecnología complementaria, algo que fue posible en el 2019 gracias a ALMA, un radiotelescopio más potente situado en el desierto de Atacaba en Chile. Ambos aparatos miden la composición de las ondas que emiten los diferentes materiales, los diferentes espectros.

Fuente: La Vanguardia.

Investigadores de la Universidad de Alicante identifican dos especies inéditas de planta carnívora

Los trabajos del Grupo de Investigación Botánica y Conservación Vegetal de la UA demuestran que plantas de Granada y Cuenca pertenecen a dos especies nuevas para la ciencia: Pinguicula tejedensis y P. casperiana

Investigadores del Grupo de Investigación de Botánica y Conservación Vegetal de la Universidad de Alicante han identificado dos especies inéditas de plantas carnívoras que habitan en las altas montañas calcáreas del centro y sur de la Península Ibérica. Una de ellas, la Pinguicula tejedensis, es endémica de las sierras de Tejeda y Almijara, en la provincia de Granada; la otra, la Pinguicula casperiana, se encuentra en la Serranía de Cuenca, a caballo entre las provincias de Cuenca y Guadalajara, y ha sido bautizada en honor del taxónomo alemán Siegfried J. Casper, especialista mundial en este género de plantas carnívoras.

Los investigadores de la UA llevan años realizando estudios sobre la taxonomía y conservación de especies ibéricas y norteafricanas de un género de pequeñas plantas carnívoras denominado Pinguicula, popularmente conocidas como ‘grasillas’ o ‘tirañas’. Al igual que muchas especies de este género, las dos nuevas especies de Pinguicula crecen típicamente en balmas y paredones de roquedos calcáreos, en surgencias de agua donde se forman «tobas» (depósitos esponjosos de carbonato cálcico), en montañas de cierta elevación. «Son ambientes escasos, muy localizados y exclusivos que actúan como verdaderas islas donde los procesos de diferenciación y especiación son muy activos», explican los investigadores de la UA.

Como consecuencia de los estudios de los investigadores de la UA en los últimos tres años, la diversidad de grasillas en la Península ibérica ha pasado de 9 a 13 especies, todas ellas endemismos de área muy reducida y, en su mayoría, seriamente amenazados. En este sentido, «debe revisarse el grado de amenaza de las poblaciones conquenses y granadinas de las dos nuevas especies que podrían pasar a considerarse en peligro», advierten los expertos. «No debe olvidarse que, como ocurre en la mayoría de especies de Pinguicula, las especies ahora descritas ocupan hábitats de extraordinaria fragilidad y rareza que dependen directamente de la presencia de surgencias de agua permanentes en roquedos umbrosos«, indican. Por esta razón, el cambio climático y la actividad humana pueden poner en serio peligro su supervivencia. «Reducciones inesperadas en las precipitaciones o modificaciones artificiales que afecten el caudal de los manantiales y acuíferos pueden hacer desaparecer para siempre estas especies, verdaderas joyas naturales para las que han de tomarse las medidas de conservación que garanticen su conservación a largo plazo», señalan los expertos en Botánica.

Fuente: El Mundo

17/09/2020

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