Inglaterra se clasificó para su primera final de una Eurocopa, y no lo hizo sin polémica. El penalti que el árbitro pitó a favor de los ingleses, luego ratificado por el VAR levanto mucha polvareda, así como el formato del torneo, que parecía favorecer a Inglaterra otorgándole la posibilidad de jugar hasta seis partidos en Londres (el de octavos de final lo jugaron en casa porque pasaron como primeros de grupo), pero no deja de ser algo que ya se sabía antes de que el torneo echara a andar. Dinamarca, la gran revelación con mayúsculas de la Eurocopa, supo rehacerse del susto que dio Eriksen en el partido ante Finlandia, en el que se llegó a temer por la vida de la gran estrella danesa, y al hecho de verse al borde de la eliminación tras las dos primeras derrotas. A partir de ese momento, Dinamarca fue un auténtico ciclón, que arrasó a Rusia, a Dinamarca, y supieron sufrir cuando hubo que hacerlo ante la República Checa. Y ayer los daneses no se arrugaron por tener que jugar en Londres ante Inglaterra. Damsgaard, de falta directa, metió un golazo (es el primer tanto que encaja Inglaterra en todo el torneo) y acercaba a Dinamarca a la gran final del domingo. Los fantasmas que persiguen a Inglaterra desde su triunfo mundialista en 1966 (aparte de Isabel II, casi nadie recordará los pormenores de dicho evento). El estado de ánimo de la afición inglesa debe ser similar al que teníamos en España antes de 2008. Y en 2016, el fútbol inglés tocó fondo cuando la selección nacional cayó eliminada en los octavos de final de la Eurocopa ante la modesta Islandia. Gareth Southgate fue nombrado seleccionador, y ha conseguido devolver la ilusión a los inventores de este deporte llamado fútbol, después de quedarse a un paso de jugar la final del Mundial. Kane, decisivo para Inglaterra una vez rota la sequía, logró el empate con la colaboración del danés Kjaer, que despejó mal. Poco a poco Inglaterra fue tomando el partido, pero Schmeichel, el genial portero danés, mantuvo a los suyos con vida. Llegó otra prórroga, y con ella la jugada más polémica del campeonato. En este tipo de torneos, el anfitrión suele salir beneficiado cuando se produce una situación dudosa. El penalti era difícil de ver, pero el VAR ratificó la decisión del arbitro. Ya finalizado el choque, una cámara de televisión mostró que en el momento de la caída de Sterling, había dos balones en juego. Schmeichel repelió el lanzamiento de Kane, pero el ariete inglés marcó gol en el rechace. Todavía quedaba el segundo tiempo de la prórroga, y los daneses buscaron con ahínco el gol del empate, pero ésta no llegaría.

Tenemos una final con dos estilos tradicionalmente enfrentados, pero muy similares. Aunque el juego de Italia ha sido mejor en líneas generales, las dudas planteadas por el tema de las ayudas al anfitrión parecen planear sobre la gran final del domingo. Final que disputaran dos selecciones que han vivido momentos de auténtica zozobra no hace demasiado tiempo. Pero en un fútbol tan cambiante como el actual, pueden darse todo tipo de circunstancias. Inglaterra ya venía avisando de su potencial al alcanzar las semifinales del pasado Mundial, e Italia… Italia simplemente es Italia, capaces de sacar petróleo cuando peor pintan las cosas. Nos vemos el domingo en la final.

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